Debo advertir que lo publicado en este blog corresponde no en parte, sino en su totalidad a mi autoría, depositando la mejor de las intenciones en cada uno de los relatos, dejando en claro que nunca publicaré adjetivos calificativos negativos que no correspondan a la realidad, hidalguía y el honor de las buenas personas, haciendo mención que habiendo casos donde pudiendo exaltar los ánimos, el tono o la expresión, será porque en realidad se lo merecen.
Sugestionados, persuadidos
Alguna vez se han dejado manipular, perdón quise decir sugestionar, por alguna persona o conjunto de personas ya sea por un acto de magia, hipnosis, publicidad engañosa, chantaje emocional, rumores al oído, habladurías o chismes.
Precisamente los chismes resultan ser una manera muy usual de persuasión, inducir a una persona o conjunto de personas a creer en una determinada acción, situaciones que por lo general resultan siendo patrañas y que algunas veces, y esto es, en el mejor de los casos (caso hipotético), parten de una verdad, pero de una verdad exagerada y muy pero muy distorsionada. Esto dependiendo del nivel de ignorancia (factor cultural), situaciones de falsa alarma motivadas por la creatividad (maligna imaginación), rencor, odio, despecho o antipatía de las personas (señores, señoras, señoritas y ahora no tan señoritas) empeñadas en propalar dichas habladurías.
Son estas habladurías insertadas dentro de la mitología de los pueblos, aunque las fuentes por el uso y la costumbre pueden parecernos muy confiables, en realidad no lo son, porque nos revela la creencia de situaciones fantásticas y difíciles de comprender, causando algún tipo de ansiedad, sensación experimentada por una población vulnerable, con cierto grado de tensión, sino encontremos explicación dentro de este corto repertorio de historias difundidas, en donde se narra la existencia de los muy conocidos “monstruos de leyenda”, como cada uno cree en lo que quiere creer, pero puedo ser más objetivo y pensar que se trataría de otra situación y que por alguna razón (sugestión tal vez) alguien lo creyó de otra manera. Total como dicen por ahí, cada uno cree en lo que quiere creer.
Pueblo chico, infierno grande: Sin ir muy lejos, algunos sabrán que en nuestros pueblos “andinos” o “amazónicos”, (provincias) se rumorea demasiado, desde tiempos inmemoriales “las leyendas” han tomado una fuerte presencia dentro de la población, aumentando el interés formando parte de la mitología del lugar, se manipulan tantas veces las historias que al final nos la creemos y así algunos podrán afirmar con total convencimiento la veracidad de tales sucesos, otras podrán poner las manos al fuego e incluso dar fe de la veracidad de la existencia de por ejemplo; los pishtacos, etc., historias fantásticas que alimentan al “folklore de un pueblo” y esto se debe porque estos pueblos tienen patrones culturales muy arraigados. Porque además, eso es lo que le gusta a la gente.
Ahora imaginemos toda esa forma de razonar volcada sobre la ciudad, con esto de la migración del campo a la ciudad, (la llegada a barrios populosos) sucede algo parecido, “la idiosincrasia popular” de esa gran masa migratoria ha trasladado también el modo, la manera o la forma de percibir las cosas, situaciones que aunque no queramos, siempre resultan fantásticas, pero ambientadas a la vida urbana, ahora ya “acriolladas”, aclimatizadas a la costa, la sacada de vuelta a la razón, el vuelco a la historia, los chismes o las habladurías son una de ellas, bien dicen cuando se refieren a que en “pueblo chico, infierno grande”, especulaciones como pasarse la voz de persona a persona por la subida en los precios de los alimentos en los mercados locales, o el “chantaje emocional”, esa forma de persuadir al compadre o a la comadre de que por ejemplo abandone al marido, porque según dicen por ahí, le ha sido infiel, o que no se junte con tal vecina porque según dicen es así o es asa, o que no acuda a tal evento porque sucede esto o sucede lo otro, etc.
Con todo esto, no tardará en aparecer por allí algunas “leyendas urbanas”. Las diferentes y más originales historias que ya se difunden a modo de cadenas por los correos electrónicos en la internet, en donde como mínimo estás obligado (sugestionado) inducido a reenviarlo a otras siete personas como mínimo, caso contrario, -según dicen- sufrirás las consecuencias, etc. Cosas como estas son las que podrían inducir a un público a la sugestión, a un chantaje emocional, como una nueva forma de persuadir al otro.
Otros factores: Y si a esto le añadimos, además, que se podría dar el caso de algunas sustancias alucinógenas ingeridas frecuentemente, medicamentos con efectos secundarios (contraindicaciones) como un daño colateral, que podría cambiar el estado del equilibrio emocional o cognitivo, somatizando a los individuos volviéndolos hipersensibles, sugestionables y alterables debido a su consumo. Como también las distintas etapas en la vida de cada persona que aportan estados de ánimo con características muy propias de la edad, la fantasía en la niñez, el fanatismo en la adolescencia, el arrebato en la juventud, la perspicacia, la ironía o el pesimismo en la edad adulta, sumado a algún trastorno ligado con el climaterio o la menopausia, etc.
Es decir, podemos estar sometidos a la malsana idea de creer todo lo que creemos que otros saben, los montajes funestos y fabricados, habladurías y chismes que se van transmitiendo sucesivamente de persona a persona y que equivocádamente se acepta como cierta y esto porque de mitos, cuentos, chismes y leyendas también está hecha la historia y además como decían por ahí en un antiguo programa de la televisión popular, “eso es lo que le gusta a la gente”. Pero a que gente, a ese tipo de gente.
Conclusión: Asi es que para la próxima vez, ante cualquier habladuría, comentario, rumor, enrredo, patraña o chisme, cuestiónence, aunque también existe otra opción, la de no tomarle importancia.
(Fecha de publicación: 01 de enero del 2011)
Las redes sociales en el ciberespacio
Éstos sociópatas (hombre o mujer) tienen por exclusividad exhibir y sobrevalorar sus propias cualidades, aún cuando estas no correspondan a un grado de real importancia y terminen siendo hechos intrascendentes y triviales o cuestiones meramente aspiracionales, pero aún así, utilizándolo en desmedro del círculo, red social o entorno más cercano, ellos no lo notan, están cegados por la soberbia.
(“…Aunque no pretendo ser mezquino con los que de manera prudente y como quien no quiere, y casi forzados a nuestro interrogatorio tenemos que sacarle de a pocos sus triunfos y virtudes, logros que parecieran quedar en el olvido, hombres sensatos de temperamento ecuánime y de mujeres sencillas dignas de todo aprecio y admiración…”)
Sobre alabanciosos padres, presumidos hijos y la pedantería a nivel amical.
(Manifestación narcisista de un orgullo desmedido)
Aunque para muchos se trataría de intrascendentes manifestaciones de personas fatuas que se sienten favorecidas con estas condiciones adquiridas, como cual madre presurosa a que su hija sea reconocida por esos cinco minutos de fama al descargar majestuosas e increíbles hazañas: ¡Mis hijas son todas unas se-ño-ri-tas! (¿ ?) aunque juzguemos con conocimiento de causa lo contradictorio de tal afirmación. O del padre muy entrometido proveyéndose entre babas ostentosos comentarios con sus diversas variantes hacia sus hijos: ¡Mi hijito es súperman!, ¡Mis hijos, sus amigos y hasta sus pulgas y garrapatas, son todos unos pro-fe-si-o-na-les!. O su contraparte los padres vulgares y chabacanos con argumentos grotescos: ¡Mis hijos, son bien hombres, no serán inteligentes, pero como les llueven las hembritas!. Sin dejar atrás a los mismos que con aire altivo, orgullosos por demás y con postura soberbia de niños presumidos, pretenden ser de algún modo los figurettis acompañados de toda esa parafernalia fabricada por ellos mismos y ni que decir de las vanidosas hijas con pretenciosos gustos y ridículas posturas que por considerarse nuevas niñas ricas exageran su acento de voz de limeñíiisimas: ¡Pucha!, ¡O sea!, ¿manyas?, ¡alucínaaa!. Vanagloriándose por lo que les toca, alardeando su suerte cual encopetados personajes, que terminan siendo insignificantes fanfarrones con superfluas ambiciones, los que tuvieron la suerte de contar con el apoyo en su momento de una holgada fortuna.
Para esto hay que recordar y tener muy presente, como un tema aparte que (los que menos tienen, son los que más gastos hacen en proporción a sus ingresos y esto debido a que con un bajo salario pretenden alcanzar estándares de calidad de vida verdaderamente altos). Sutiles arribistas que aprovechan eventualidades para hacerse notar, que distan mucho de los hombres austeros, sabios, sensatos, sobrios y de verdadera estirpe, pero el tamizaje social se encargará de juzgarlos como si se tratara de un acto natural, donde todo cae por su propio peso.
Mobbing urbano:
(Las habladurías como forma de hostigamiento)
Ocurre con la gente más insignificante, así como también en las altas esferas sociales. ocurrió en el pasado y ocurre en el presente, con lo dicho quiero expresar lo siguiente, he tenido bastante tiempo para analizar bien los hechos, haciendo un recuento de todos los sucesos que acontecieron tanto a mí como a terceras personas en el pasado, recogiendo y cotejando información, siguiendo los rastros dejados por la “ruta de los chismes”, (como vestigios pseudo-históricos) de sucesos locales, con todos aquellos cabos sueltos, haciendo una reconstrucción de los hechos alucinándome todo un arqueólogo, sociólogo o antropólogo forense, o en todo caso, casi un investigador de criminalística, como los de la serie de televisión “CSI” (Crime Scene Investigation), con todo eso llegué a sospechar que fuí víctima de eso llamado conspiración.
Así es, una conspiración y ¿Qué es una conspiración? Una conspiración es planear secretamente una acción para desacreditar al adversario, al contrincante, a la piedrita en el zapato y díganme ¿Qué es un chisme? Un rumor, una intriga, una habladuría, una calumnia, una injuria, una difamación, es nada menos que una de las tantas formas de hostigamiento, más aún si es para sacar del camino a una persona, cambiarla de lugar, hacerla callar, logrando que cambie de opinión, que cese en sus demandas, desautorizándolo, afectándolo de sobremanera o hacerlo quedar mal ante los ojos del público, del entorno de la familia y de los demás, haciéndolo pasar por un mal momento, mancillando su honra, su imagen, incluso su alma (entiéndase alma como psiquis), para dejarlo aflijido, maniatado y seriamente afectado.
Entonces los chismes son como una maniobra de tipo psicosocial, llegando al punto de covertirse en toda una conspiración, usada por una mafia urbana, de barrio o laboral, empeñada en hostigar o desacreditar a una persona. Pero detrás de los chismes, estoy seguro que existe alguna razón más, un objetivo más importante todavía, un vano rencor tal vez, o una antipatía como un odio sublimado de años. Pero además hay que tener en cuenta que a veces, la persona involucrada directamente no es el objetivo principal, no lo es, porque el odio es al grupo, al gremio o al sector privilegiado al que uno pertenece, incluso al momento o circunstancia favorable por la que se esté pasando, todo esto podría despertar el descontento de quienes nos rodean, es que es evidente, no hay otra razón, esta antipatía es tan pero tan fuerte que de cualquier manera logra aflorar, manifestándose por medio de las más variadas habladurías.
(fecha inicial de publicación: 26 de febrero del 2010)
El hisopo intimidador
¿Quién o quiénes utilizan con mayor frecuencia aquellos diminutos objetos de limpieza personal?,
¿Qué población se muestra más “abierta” para conseguirlos?,
¿Porqué siempre eran rosados y no celestes?,
¿Dónde los venden?, ¿quiénes los compran?,
¿Para qué los usan?, ¿serán reversibles?,
¿Qué hacía tirado ahí?, ¿porqué siempre aparece en ese lado?,
¿Porqué uno de ellos estaba mascado o mordido?,
¿Es cierto que los venden por docenas en combis y microbuses de transporte público (realidad peruana)?, etc.
Pero en el fondo la pregunta correcta era: ¿Qué significado implícito tiene ese hisopo?. Llegando a la conclusión que, todo apunta hacia una persona o personas. Será acaso que el hisopo, profundizando en la idea (como en sentido figurado), el último aletazo de un ave moribunda, nunca lo sabré. Después de todo, siempre existe gente que los tira donde no debe. Y por otro lado, siempre estaré allí para encontrarle una razón al sin sentido.

Sobre lunáticas, alcahuetas, neurasténicas e hipocondríacas viejas chismosas
Mi distrito un distrito de contrastes, donde un metro más acá o un metro más allá hace la diferencia. Usted puede elegir vivir en un sector que considera muy tranquilo y despoblado sin saber que años después la vivienda colindante a la suya dará posada u hospedaje a un grupo de caprichosas y fustigadoras damas, neurasténicas e hipocondríacas señoras con sensación de malestar, dolor de cabeza o fastidio, viejas chismosas, noveleras, acusonas y delatoras, intermediarias y desacreditadoras, arribistas, alcahuetas y/o lunáticas mujeres, también muy bandidas y malhumoradas señoritas, “precoses señoras” aprendices en el arte del chisme y otras más experimentadas, curtidas y hábiles mujeres, veteranas dentro del oficio de la murmuración, la habladuría, el comadreo, la patraña y sobre todo el lío y la intriga, desequilibradas mentales artistas en generarce cefalea, migraña o jaqueca. Atormentando constantemente por asuntos irrisorios, exiguos y triviales, cual caldo de cultivo, rumor o enrredo, tema de conversación o comidilla canallesca del próximo encuentro de “viejas chismosas” del fin de semana. Pero vaya uno a saber que vil motivaciones tienen, argumento descabellado de comadre doméstica.
Podemos permanecer ignorando por completo muchas veces las sandeces, vilipendios, ultrajes, escarnios e improperios, disparatadas ridiculeces, desprovistas de credibilidad que allí las veinticuatro horas del día; comadres y consuegras, “uña y mugre”, melodramática inquilina, adolescente resentida, teatrera vecina, malhabladas entenadas, neuróticas nietas, paranoicas tías y lunáticas sobrinas, avivadas cual villanos hampones y bravucones, comentan y propalan de la manera más vil contra uno y contra cualquiera de los que le rodean.
Pero todo esto, no hace más que confirmarnos lo que nuestro bien acertado y equilibrado sentido común nos había sugerido. “…A veces basta con brillar un poco, sólo un poco nada más, para ser víctima de las grandísimas viejas chismosas…”
(Fecha inicial de publicación: 23 de febrero del 2008)